Se realizaron nuevas manifestaciones. El gobierno de Sebastián Piñera sigue en la cuerda floja, pero falta que aparezca quién puede representar a esta ola.

El movimiento social chileno caratuló la movilización de ayer hacia el Palacio de la Moneda como si fuese la continuidad de una saga cinematográfica: “Segunda marcha más grande de Chile”. Por el contrario, el gobierno de Sebastián Piñera salió al cruce de ese etiquetado con el propósito de instalar su propio hashtag en las redes sociales: “Queremos paz”. Al final de la jornada los trabajadores de la central sindical CUT, los estudiantes secundarios y universitarios y las columnas de la comunidad mapuche no pudieron lograr una concentración similar a la del último viernes.

La fuerte represión de Carabineros –los pacos, como son denominados en el argot popular- evitó que pudieran amucharse a metros del palacio presidencial donde Piñera encabezaba una reunión especial de gabinete. Precisamente, hoy llega al aeropuerto de Santiago el equipo enviado por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, la coterránea Michelle Bachelet. De forma paradójica, las agendas políticas de dos de los principales referentes del sistema bipartidista local repudiado en la calle, el primer mandatario Piñera y la ex Jefe de Estado Bachelet, vuelven a encontrarse. Piñera y Bachelet no se reunirán esta vez para encabezar una transición presidencial o consensuar ejes económicos del denominado milagro chileno si no para coordinar que la lupa de la ONU pueda poner monitorear el baño de sangre represivo que enluta la imagen de Chile ante el mundo.

Al equipo de Bachelet le espera un arduo trabajo. Según el respetado Instituto Nacional de Derechos Humanos –un funcionario del Instituto recibió ayer el impacto de siete perdigones en la cara por parte de Carabineros cuando intentaba registrar lo sucedido en la marcha- presentó en su último informe números escalofriantes. Los cachiporrazos y las balas de las fuerzas de seguridad contra el estallido social han dejado un charco de sangre: 1.132 heridos, de las cuales 127 presentan heridas oculares, 18 querellas presentadas por violencia sexual y 76 por torturas, 20 muertos y más de 9 mil detenidos.

INDH Chile@inddhh

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[Última actualización] Cifras recopiladas directamente por el INDH en observaciones a manifestaciones, comisarías y centros de salud  desde el 17 de octubre hasta hoy a las 21:30 horas.

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62222:31 – 29 oct. 2019Información y privacidad de Twitter Ads1.644 personas están hablando de esto

El presidente Sebastián Piñera lideró ayer una reunión de trabajo junto a sus nuevos ministros. Lució cansado, con su rostro más apergaminado de lo habitual. Los medios más influyentes –como el matutino El Mercurio– indican que La Moneda había conjeturado que la salida de los jefes de cartera más cercanos al mandatario –el neopinochetista Andrés Chadwick fue eyectado de Interior y el ultraliberal Felipe Larraín fue removido de Hacienda- iba a pacificar los ánimos sociales. Pero la gente sigue en la calle. “El Mandatario transmitió, según presentes, tres principales ejes: restablecer el orden público, sacar adelante la agenda social y potenciar los diálogos ciudadanos para ir incorporando nuevas propuestas”, resume el diario La Tercera en una editorial titulada “Los ejes para la nueva etapa del gobierno”.

Recapitulando, ¿se viene el estallido? ¿Qué escenario político se avecina: adelantamiento de elecciones, asamblea constituyente? Las respuestas están cubiertas de neblina. El ex candidato presidencial Marco Enríquez Ominami –impulsor del Grupo de Puebla, la mesa de coordinación política regional a la que el presidente entrante Alberto Fernández suscribe- insiste en una idea. Por lo pronto, la muchedumbre agolpada en las calles de Chile muestra una imagen tan contundente como difusa. Es un río de gente encrespado contra los presupuestos de la pesada herencia pinochetista. Pero, subraya Ominami, las oleadas que se agolpan a metros de La Moneda carecen hasta el momento de un atril, de una conducción política, de un programa común.

En diálogo con El Destape Jorge Sharp Fajardo, alcalde de Valparaíso por la ascendente nueva izquierda chilena del Frente Amplio, coincide en parte con lo expresado por el referente del Partido Progresista chileno. “A propósito de la enorme distancia que existe entre la política y la ciudadanía nadie pudo anticipar lo que está pasando. Y ese bravío insurgente hace más novedoso aun lo que está ocurriendo en Chile. Hoy los contenidos están en la calle. Los manifestantes cuestionan y se distancian de la política tradicional y de sus formas. Para las fuerzas nuevas eso abre una oportunidad, no para suplantar, sino para dotar de una orientación al malestar y proponer salidas que apunten a mejorar lo que ahí se dice. La política debe escuchar, escuchar y escuchar. Y por supuesto proponer una salida en función de lo que se dice en la calle y resolver con la gente”, precisa Sharp Fajardo.

Fuente: El Destape